3 Puntos claves para actuar ante un berrinche

Si no sabes cómo actuar ante un berrinche, pero ya no quieres perder el control, te dejamos tres tips para lograrlo.

Antes de que la actitud de tu hijo te provoque enojo, cansancio, estrés y tal mal humor que quieras salir corriendo, queremos decirte que esta etapa es temporal y, aunque quisieras saltártela, también es parte del desarrollo de la inteligencia emocional de tu hijo. Si estás sorprendido de la capacidad de tu cría para el melodrama, es momento de conocer qué son y cómo se procesa esta etapa, por eso te dejamos tres puntos claves para actuar ante un berrinche.

¿Qué es exactamente un berrinche?

Es la no tolerancia a la frustración; esto significa que es la respuesta a ciertas circunstancias que nos impiden hacer lo que queremos (sí, los adultos también hacemos berrinches).
La diferencia es que, al crecer, encontramos maneras diferentes de expresar lo que no nos agrada, ya que la madurez y las experiencias que hemos ganado nos permiten asimilar los desacuerdos de una forma más apropiada y menos evidente. Los niños, claramente, no tienen esta capacidad.

Entonces, ¡¿qué hago?!

Que sea algo temporal, no significa que debas cerrar los ojos, ya que dicha conducta es una forma en la que los niños reciben atención y muchas veces prefieren tener atención negativa con su comportamiento a sentir que no los pelas. Peeeeero, tampoco se trata de que te conviertas en un títere manipulable que solo reacciona ante los manotazos de un berrinche.

3 puntos clave

1.  Emociones: Es importante estar en contacto con la emoción de un niño cuando se trata de desviar una rabieta de crisis. A través de la comprensión de sus emociones, podrás dar un paso más y comprender su punto de vista.
2. Las mechas cortas: ¿Qué desencadena a tu hijo para lanzar un ataque? Cambio en la rutina, la hora de acostarse, compartir juguetes, etcétera. Una vez que sabes lo que lo hace explotar, puedes estar mejor preparado.
3. Keep calm: Es muy importante que no olvides que tú tienes el superpoder del autocontrol, tu hijo no. Así que si tú también empiezas a gritar, pegar, o cualquier otro remedio escandaloso para solucionar el problema, éste se hará más grande. Solo pon límites claros, cambia la actividad por la que empezó la rabieta y recuerda que no eres “malo” o “incorrecto” como padre, solo estás haciendo tu trabajo.